No sin Miriam

No sin Miriam

Precisamente, a partir del castigo, Miriam adquiere un sentido de importancia. De repente, resulta que el campamento no puede continuar su travesía sin Miriam.

Y he aquí la lección que el pueblo de Israel recibe sobre la temática de la gratitud:

Miriam, la Profetisa, habla sobre su hermano Moshé. La nube se aleja de la Tienda de Reunión, y  Miriam se ve afectada de lepra, blanca como la nieve. Es retirada hacia las afueras del campamento y el pueblo no prosigue su viaje hasta que Miriam se reincorpora al campamento. Durante siete días todo el pueblo aguarda que Miriam se cure. Aparentemente, su castigo debería haber generado una suerte de descenso de su estatus. Que no vaya a creer que ella equivale a Moshé. Y he aquí que, precisamente a través de su castigo ella cobra importancia. De repente, resulta que el campamento no puede continuar su travesía sin Miriam. Un estatus casi similar al de Moshé.

Dios le concedió  a Miriam este honor porque en su infancia, a la edad de seis años, ella estuvo parada a orillas del río y como una hermana preocupada observaba a su pequeño hermano Moshé, colocado en una cesta. Y así permaneció Miriam durante una hora dejando de lado sus juegos y poniendo de manifiesto el elemental sentimiento de hermandad “Y se apostó su hermana, a lo lejos, para saber qué le sería hecho, a él” (Shemot capítulo 2, versículo 4). Este hecho quedó prácticamente en el olvido, y he aquí que aflora después de más de ochenta años. Ahora, todos aguardan siete días en honor a esa hora.

Una buena acción no es olvidada!

Gentileza del sitio 929.

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