La universalidad de la festividad de Sucot

La universalidad de la festividad de Sucot

Zejariá profetiza que en el tiempo venidero todas las naciones vendrán a celebrar la fiesta de Sucot. ¿Por qué precisamente la fiesta de Sucot se convertirá en la festividad universal?

En el primer día de Iom Tov de Sucot se lee como Haftará (una porción de los profetas que se lee después de la lectura de la Torá en las festividades y en el día Shabat) el último capítulo del libro de Zejariá (14). En esta profecía, Zejariá describe el Día de Hashem, el día del Señor en que se revela el reinado de Dios en el mundo, y como consecuencia de ello hay una gran conmoción en el mundo: guerra de Dios contra las naciones; terremoto; apertura de un torrente desde Ierushalaim hacia el Mar Muerto; eclipse de los astros. El resultado de este gran proceso es: "Y el Señor será rey sobre toda la tierra; aquel día el Señor será uno, y uno Su Nombre" (versículo 9). Una de las expresiones del reinado de Dios en el mundo es que también las naciones Lo reconocen y vienen a Ierushalaim a servirle. Así profetizan Yeshaiahu y Mijá: "El monte de la casa del Señor será establecido como cabeza de los montes... y correrán a él todas las naciones:... porque de Sión saldrá la Torá y la palabra del Señor de Jerusalem" (Yeshaiahu, capítulo 2, versículos 2-3; y con leves variaciones, Mijá, capítulo 4, versículos 1-2); así profetiza Tsfaniá: "Entonces yo daré a los pueblos un labio puro, para que todos invoquen el nombre del Señor y le sirvan de común acuerdo" (Tsfaniá, capítulo 3, versículo 9); y así también profetiza Zejariá: "todo sobreviviente de todas las naciones que fueron contra Ierushalaim subirán de año en año para prosternarse ante el Rey, el Señor de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de Sucot" (versículo16). A diferencia de los demás profetas, Zejariá enfoca el servicio a Dios por parte de las naciones precisamente en la fiesta de Sucot. ¿Por qué?

Los comentaristas explican que la guerra de Dios contra las naciones tendrá lugar en la fiesta de Sucot, y por eso cada año vendrán a Ierushalaim en recuerdo de aquella guerra: "porque la caída de Gog será en la fiesta de Sucot, y subirán a celebrar la festividad en conmemoración del milagro ocurrido en aquel día" (el comentarista Malbim). Según esto, la gran derrota de las naciones en la guerra las llevará a comprender que Dios es el Rey, y por ello celebrarán el día en que llegaron a esa comprensión. Sin embargo, pareciera que la celebración de Sucot tiene un significado que trasciende la mera conmemoración de la fecha de la batalla.

En la inauguración del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo, celebrada en la fiesta de Sucot, Salomón destinó el Templo a ser lugar de oración no solo para el pueblo de Israel sino también para todos los pueblos: "También al extranjero que no es de Tu pueblo Israel, que vendrá de una tierra lejana a causa de Tu nombre... y orare hacia esta casa: Tú oirás en los cielos, el lugar de Tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo que el extranjero Te invocare, para que todos los pueblos de la tierra conozcan Tu nombre y Te teman como Tu pueblo Israel, y sepan que Tu nombre es invocado sobre esta casa que yo he edificado" (Reyes I, VIII, 41-43). No parece casual que tanto Salomón como Zacarías asignen al Templo un destino universal y lo vinculen precisamente con la fiesta de Sucot.

Es interesante notar que los preceptos de la fiesta de Sucot pueden tener un significado universal:

La toma de las cuatro especies simboliza la plegaria por la lluvia, necesidad existencial básica que todo el mundo requiere, y no solo el pueblo de Israel.

Los sacrificios de la festividad, distintos de todos los sacrificios de las demás fiestas, cuyo número llega a setenta, simbolizan a las setenta naciones del mundo, como afirma el Talmud: "Dijo Rabí Eleazar: esos setenta toros (de Sucot), ¿a quiénes corresponden? A las setenta naciones" (Sucá 55b). Y explica Rashi: "setenta toros, que son los sacrificios de la festividad... correspondientes a las setenta naciones, para expiar por ellas y para que lluevan aguas en todo el mundo, pues son juzgadas en la festividad con respecto al agua."

La morada en la Sucá simboliza provisionalidad y sencillez, y con ello sitúa a todos los seres humanos en un denominador común simple alrededor del cual todos pueden unirse. La mayor parte del año el hombre está encerrado en su casa y desconectado de los demás, atrincherado en las definiciones y seguridades que le rodean. Las paredes, las divisiones y las definiciones impiden el vínculo entre personas distintas; también la sensación de plenitud y orgullo obstruye el reinado de Dios y separa a las personas.

En Sucot todos salen al exterior y se igualan unos a otros en la morada provisional, pudiendo así sentir la providencia divina sobre ellos y también la igualdad entre sí. En tal realidad, las personas abren en su corazón espacio el uno para el otro y también para la Presencia Divina en medio de ellos. La humildad, la sencillez y la sensación de provisionalidad posibilitan la conexión entre los seres humanos e incluso el reinado de Dios sobre ellos.

La fiesta de Sucot, la festividad en la que se ruega por las necesidades existenciales del mundo entero y en la que todos se unen en la sencillez y comprenden su pequeñez ante el Creador del mundo, es la festividad en la que se abre la posibilidad para que todos los habitantes del mundo se unan en torno al servicio a Dios.

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