En el capítulo 9, Job responde a Bildad afirmando que es imposible justificarse o discutir con Dios debido a su poder absoluto y arbitrario. Sumido en el dolor, Job denuncia con dureza que Dios lo golpea con una tempestad y multiplica sus heridas jinam (sin razón).
La gran paradoja es que, al expresar este reclamo desde la más profunda sinceridad, Job coincide sin saberlo con lo que Dios mismo admitió al principio del libro, pavimentando el camino para que el Creador finalmente le responda desde el torbellino.