Irmiahu se quedó en Iehudá

Irmiahu se quedó en Iehudá

Con su liberación del patio de la prisión, Irmiahu llega a Guedalíá hijo de Ajikam. De la descripción en el capítulo 40 se desprende que esta fue la elección personal de Irmiahu de permanecer en Iehudá con la esperanza y la fe de que el remanente podría tener una restauración.

Según lo descrito en el capítulo 39, versículos 11-14, el rey de Bavel, Babilonia, se preocupa personalmente por Irmiahu y ordena su liberación. Esta preocupación surgió, de manera simple, del hecho de que Irmiahu durante todo el tiempo profetizó y advirtió sobre la destrucción e incluso alentó al pueblo a someterse a Bavel, por lo que el rey de Bavel lo vio como un aliado (de hecho, también Tzidkiahu y los príncipes vieron a Irmiahu como aliado del rey de Bavel y por eso conspiraron contra él). Del versículo 14 se desprende que su entrega a Guedaliá fue contra su voluntad, sin embargo, en el versículo 12 se dice explícitamente que Irmiahu podría determinar su destino. Y efectivamente, en el capítulo 40 (versículos 1-6) el texto describe cómo Nevuzaradán, capitán de la guardia, 'sacó' a Irmiahu de la caravana de exiliados y le dio a elegir: venir a Bavel y recibir trato especial del rey ("y yo miraré por tu seguridad"; capítulo 40, versículo 4) o permanecer en la tierra. Irmiahu prefiere quedarse:

"Y así fue Irmiahu a Guedaliá, hijo de Ajikam, a Mitzpá, y habitó con él, en medio del pueblo que había quedado en el país" (capítulo 40, versículo 6)

Esta elección de Irmiahu enseña que a pesar de la destrucción, y en cierta medida quizás como consecuencia de ella y del exilio adicional del pueblo de Iehudá, Irmiahu creía que era posible rehabilitar a los que quedaron en la tierra, reconstruir al pueblo de nuevo y tal vez incluso volver a construir el Templo pronto. Esta fe también está en el trasfondo de su profecía más adelante en el capítulo 42, donde insta al pueblo a no descender a Egipto y no abandonar la tierra. Según él, precisamente en la tierra tienen una oportunidad, mientras que el descenso a Egipto les traería desastre. Sin embargo, al final, tanto el asesinato de Guedalíá (capítulos 40-41) como la elección del remanente de descender a Egipto, sellaron definitivamente la posibilidad de corrección en la generación de la destrucción.

Cabe señalar que el apoyo de Irmiahu a los 'que se quedaron' y la fe en la rehabilitación del pueblo precisamente a través de ellos, no contradice sus profecías en los capítulos 24 y 29 (así como también las profecías de Yejezkel en los capítulos 11 y 33) que apoyan a los exiliados frente a la afirmación de los que quedaron, de que precisamente ellos son los continuadores del pueblo. Allí se habla de los que quedaron después del exilio de Yehoiajín, mientras que aquí se habla de los que quedaron después del exilio de la destrucción (y véase lo que escribimos sobre este asunto arriba en el capítulo 29 sobre 'los exiliados y los que se quedaron').

 

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