!¿Siempre, con alegría?!

!¿Siempre, con alegría?!

Es muy habitual escuchar a la gente decir “Es un precepto importante estar siempre alegre”. ¿Es eso así? La Halajá (ley religiosa judía) orienta a la persona a alegrarse en los momentos destinados para ello pero también le exige vivir su vida de un modo equilibrado y responsable, sin desentenderse de las dificultades de la vida.

En nuestro capítulo, la Torá advierte acerca del siguiente castigo: “Puesto que no has servido a Adonai, tu Dios, con regocijo, y con bondad de corazón, por exceso de todo. Pero servirás a tus adversarios, el que habrá de enviar Adonai contra ti, con hambre y con sed…”(Versículos 47-48)

La simple interpretación es que el pueblo de Israel no sirvió a Dios en los tiempos en que vivió en paz y con alegría, y por consiguiente, servirá a sus enemigos en el marco de una vida de hambre y carencia.

Pero el Rambam cita otra interpretación para este versículo: “que la alegría que habrá de sentir la persona en el momento de realizar un precepto y en el amor a Dios que es el que los ordenó, ese es un gran servicio; y todo aquel que se abstiene de esa alegría deberá pagar  por ello, como está mencionado “puesto que no has servido a Adonai, tu Dios, con regocijo y con bondad de corazón” (Leyes del Lulav 8, 15). El Rambam explica que la expresión “con regocijo y con bondad de corazón” no describe las condiciones de la vida externa, sino el carácter del servicio a Dios propiamente dicho: aquel que no sirve a Dios a partir de la alegría, es merecedor de un castigo. Parece, aparentemente, que el Rambam establece que ¡ existe un precepto de estar alegre siempre!

Pero debemos estar atentos al momento en el cual el Rambam cita esta Halajá. El Rambam alude aquí a “Simjat Beit Hashoevá” (la Celebración de la Extracción del Agua era uno de los momentos más alegres de la festividad de Sucot, ya que en la época del Beit Hamikdash cada sacrificio incluía también libaciones de vino que se vertían sobre al altar, y en Sucot, también se vertía agua sobre el altar, en el marco de esta ceremonia tan particular que generaba mucha alegría) en la festividad de Sucot. Esta es una alegría que nos fue ordenada explícitamente en los versículos: “y te regocijarás en tu festividad” (Capítulo 16, versículo 14). Parece que el Rambam nunca sostuvo que la alegría debe ser una característica constante y necesaria del servicio a Dios, sino que ella se refleja en momentos especiales y en eventos destacados. En esos momentos y eventos, en efecto, es muy importante estar alegres.

Y en realidad, ¿por qué no estar alegres siempre?

Parece que se pueden encontrar dos motivos centrales para apartarnos de una alegría descontrolada. El primero, la sospecha de que la alegría se convierta en una liviandad vacía de contenido, acorde a lo que enfatiza el propio Rambam en las leyes de Iom Tov (día festivo), las leyes alusivas a las festividades (6,20)”Cuando una persona come y bebe y se regocija en la festividad, se habrá de controlar con el vino, la lisonja  y la liviandad…ya que la ebriedad y la lisonja excesiva y la liviandad no son alegría sino libertinaje e insensatez…”

Pero, al parecer, también existe una razón sustancial y más profunda para acotar el precepto de la alegría: el curso habitual de la vida requiere de responsabilidad y de una profunda contemplación, estar atentos al sufrimiento humano y brindar alivio a la angustia en lugar de una alegría llamativa y agitación emocional. Así lo formuló  el Rabino Soloveitchik:

“Cuando el hombre de la Halajá está alegre, él sabe que la vida terrenal no provoca una alegría exagerada, y él no exagera más allá de lo razonable en los momentos de regocijo y alegría” (“Ish Hahalajá”, página 69)
Editado por el equipo del sitio del Tanaj del libro "Perashot" publicado por "Maaliot".

 

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