Como en muchos otros lugares en el Tanaj, la revelación divina refleja al hombre a sí mismo, su alma, sus profundidades, sus rechazos. El varón vestido de lino no es otro que el propio Yejezkel.
Al varón vestido de lino que conocimos del capítulo anterior, se le asigna aquí un nuevo papel. Ya no es el salvador que marca a los justos; esta vez es él quien trae destrucción sobre la ciudad. Pero entre líneas se percibe que este papel no es de su agrado. Se le ordena "Entra en medio de las ruedas, por debajo de los querubines, y llena el cuenco de tus manos de brasas de fuego de en medio de los querubines, y espárcelas sobre la ciudad" (versículo 2), y de toda esta cadena de mandatos él solo "entró delante de mi vista" (versículo 2) cumpliendo la primera orden.
Se le ordena por segunda vez en el versículo 6: "Toma fuego de entre las ruedas, de en medio de los querubines” y nuevamente la respuesta es "que él entro, y se quedó en pie junto a una rueda” (versículo 6). El pobre querubín se ve obligado a hacer el trabajo él mismo: "Entonces extendió el querubín su mano de en medio de los querubines, al fuego que estaba en medio de los querubines, y tomó (de él) y lo puso en el cuenco de las manos del que estaba vestido de lino, el cual (lo) tomó, y salió” (versículo 7). Y en la continuación del capítulo no oímos sobre el cumplimiento de la orden - ¿acaso arrojó el varón el fuego como se le ordenó?
Dos asociaciones vienen aquí a la mente. La primera, la visión de consagración, en la que se le ordenó a Yejezkel "abre tu boca y come lo que yo te doy" (capítulo 2, versículo 8), y por segunda vez "come lo que halles, come este rollo" (capítulo 3, versículo 1) y aun así él permanece pasivo, y Dios mismo tiene que hacer el trabajo "Abrí pues mi boca y me hizo comer aquel rollo" (capítulo 3, versículo 2).
La segunda asociación es de la visión de la quema del cabello en el capítulo 5. También allí se le ordena encender fuego, tomar de él en sus alas "Enseguida tomarás de ellos unos pocos en número, y los atarás en tus faldas (de la capa)" (capítulo 5, versículo 3) (¿desde cuándo tiene un profeta alas?) y arrojarlo sobre la ciudad.
Parece que todo esto es una sola visión. El varón vestido de lino no es otro que el propio Yejezkel.
Como en muchos otros lugares en el Tanaj, la revelación divina refleja al hombre a sí mismo, su alma, sus profundidades, sus rechazos. Su papel es salvar a los justos - y este papel aún será aclarado y definido en el capítulo 33 - pero también anunciar la falta de esperanza, la destrucción decretada, la finalidad del veredicto.
Por así decirlo, su papel no es solo anunciar la destrucción. Yejezkel como Yejezkel, la totalidad es su segundo nombre. El mensajero es el ejecutor. Ciertamente él no quiere. Calla, yace, obedece; a diferencia de otros profetas, también su oposición es pasiva, señal de que la destrucción ya está aquí. Pero cumplirá su papel, ya sea que escuche o desista (¿quién? ¿el pueblo? ¿el profeta?), porque casa rebelde son.
Gentileza sitio 929